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Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo

"A los comuneros y 'lacayos' de la hacienda Viseca,
con quienes temblé de frío en los regadíos nocturnos
y bailé en carnavales, borracho de alegría,
al compás de la tinya y de la flauta."

J.M. Arguedas, en Agua (1933)

 

EDMUNDO TORRES: “LA IMPOSTURA ES EXITOSA EN TEATRO Y EN POLÍTICA”



Mascarero. Nació en Lampa, Puno. Ha trabajado con las asociaciones culturales Yuyachkani, La Calaca y Ríos Profundos. Estudió en la Escuela de Bellas Artes de Lima y en la Escuela de Arte Dramático de Milán.
 

 

Hay también una especie de snobismo de izquierda ¿no? Mientras más ultra eres, eres mejor… Recuerdo que a los patas del partido comunista Unidad los miraban como las pitucas miran a los pobres".

 

Escribe:
Gabriela Wiener


Edmundo Torres es el hombre de las máscaras. Durante años fue el artífice de las legendarias máscaras utilizadas en las obras de teatro del grupo Yuyachkani, las de Los músicos ambulantes, por ejemplo. “La máscara ayuda a entender lo que se esconde entre otras tantas cosas conocidas”, dice Edmundo. Nacido en Puno, y deudor de la gran tradición de mascareros del Altiplano. Un día, ya hace más de tres décadas, se fue a Berlín, pero sigue conectado con las máscaras y las performances, con ese “pensarnos a nosotros mismos” que hoy en día es más urgente que nunca. Mucho de eso hay en sus respuestas, a caballo entre la ilusión y el desapego.

¿La política es una mascarada?

Oigame usté, las máscaras no tienen la culpa de que la política tornado se haya en impúdica picaresca sin siglo de oro. Es más, las mascaradas como prácticas han sido siempre vehículo de goce, de juego, génesis de amores tremebundos, como los de los chibolos Montesco y Capuletto. Maravillosas tareas para artistas con manos sabias, inspiración de músicos, estímulos para corporizar los sueños. Nada que ver con este desfile obsceno de trafas a la vista y paciencia del respetable...

Precisamente. Hablando de trafas… ¿Has hecho máscaras de políticos alguna vez? ¿Cuál es la técnica para sacarlos como son?

Sí, con los Yuyachkani, en nuestros años mozos hacíamos mucho de eso. ¿Técnica? Distanciamiento brechtiano como cuete: los pusimos a bailar Machu Tusoj (baile de vejetes) made in altiplano peruviano. El baile se llama también joroba a joroba o siki siki, que sería algo así como poto a poto, y en él los danzantes jugaban con el ridículo de los vejetes tratando de mostrar fortaleza, vigor sexual, pero terminaban hechos trapo. Las caras eran de Haya, Belaúnde, Morales Bermúdez o el “Tucán” Bedoya. En fin, otros tiempos.

Ya. Pero si tuvieras que ponerles una máscara a los candidatos de esta campaña, a Keiko, PPK…

¿Para qué, si ya hablan con careta? Hay otros enmascaramientos más lindos, los que se usan para el contento, me gustaría ponerle a la Vero el traje de cholita puneña, ¡quedaría de mamey! Las calacas en la fiesta de los días de muertos mexicanas son evocación de vida, color sabor. La calaca Catrina es logotipo de México, es una convencida ecologista democrática a carta cabal, las calacas son otro lote...

¿Qué esconde una máscara y qué revela del que la lleva puesta?

La identidad. Puede revelar torpeza corporal o ética, habría que tasar bien el asunto (lo aconsejo) pero siempre la identidad.

“Oh, make me a mask”, dice el poema de Dylan Thomas, ¿a quién le pedirías que te hiciera una y cómo sería?

Me ofrezco como modelo pero dudo que atraquen. Se la pediría a mi amigo Paul Colinó, le pediría que me hiciera una máscara de un bellísimo abuelo chinchano, afroperuano, precioso. De repente serviría para relatar eso del Monólogo de las Tinieblas, de Gálvez Ronceros… Me gustaría también tener una máscara de Kusillo —esa especie de bufón andino—, yo de hecho, me he hecho una, pero me gustaría también tener una máscara que haya sido confeccionada por un artista popular de mis lares...

Bueno, tú eres puneño, la tierra de las grandes máscaras de la diablada. ¿Es allí donde encuentras tus primeros referentes? ¿Algún recuerdo enmascarado que traer?

Juro que no fue Halloween ni la comedia del arte, fue Puno, ese Puno de mi alma. Con mi amigo Clever bailamos con los sikuris de Mañazo, yo, en galas de china diabla comencé a jugar con un espejito que me regalaron y funcionó estupendo el performance… Tanto que tuve que cuidar bastante la virtud de la pobre diabla. Cuando era muy joven yo participé como bailarín en un grupo que se llamaba Agrupación Puno de Arte Folclórico y Teatro. Era un nombre pomposo, pero realmente este era un grupo muy, muy especial. Incluso Arguedas habló de ese grupo. Lo dirigía un médico: Carlos Cornejo Roselló. Y sin querer había una especie de rigor muy especial, una fidelidad a la cultura popular. Fue básico eso como idea, el acercarse con respeto a la cultura popular. Ahora la impostura en el teatro y en la política es exitosa, pero cuando hacíamos esto no era así.

Bueno, es muy célebre tu colaboración con el grupo Yuyachkani. Eres autor de algunas de sus principales máscaras. ¿Qué es lo más importante que aprendieron mutuamente unos teatreros y un mascarero?

Aprendimos a querernos, a tener ganas de vernos cada vez más y soñar con más chambas juntos.

No sé si te enteraste a cerca de la polémica entre Miguel Rubio y José Carlos Aguero, a propósito del tema del arte y las representaciones de la memoria en el Perú. Aguero cuestionaba que siempre se usaran los mismos roles, el de la víctima, la del héroe, la del moralizador, los discursos en los que la gente no se ve representada y la necesidad de relatos contados por sus propios protagonistas. Rubio reivindicaba la ficción en el trabajo de Yuyachkani de todos estos años y la función que han cumplido sus obras, por ejemplo Adiós Ayacucho, en esos años difíciles. ¿Cómo te sentó? ¿Te parece que ahí hay una discusión nueva, aunque ambas partes tengan sus razones?

Traté de enterarme, pero encontré deshilvanado el reclamo. Yuyachkani hace teatro, ese es su taller, ese es el pan que nos ofrecen, esa es su (nuestra) política, su militancia. En realidad no entendía mucho lo que decía el joven Aguero, pero sentí que había un fondo de mala leche. Aunque tampoco me parecía tan extraño. Hay también una especie de snobismo de izquierda ¿no?. Mientras más ultra eres, eres mejor… Recuerdo que a los patas del partido comunista Unidad los miraban como las pitucas miran a los pobres. En el ámbito del teatro o la cultura descubrí que Yuyachkani, a pesar de ser un grupo militante, de alguna manera hacían arte, pues con mucha modestia, pero con gran talento: ahí estaba la Teresa, las Ralli, luego llegaron las Correa… Entonces había un interés artístico que en esa época no se veía normalmente en otras compañías. El vestuario, el maquillaje eran vistos como una cosa pequeño burguesa… pero los Yuyas lo hacían. Yuyachkani siempre ha sido muy consecuente en su praxis política, que es hacer lo mejor que puedas con lo que tu sabes hacer.

¿Con tantísimos años fuera, cómo se ve la política peruana desde Berlín?

Yo la sigo en internet.... Aunque admito que eso no es estar muy conectado. Por otro lado, hay otras formas de hacer política, por ejemplo, un grupo de intercambio o ayuda mutua. Que circule la información. El carnaval de las culturas de Berlín es una forma de expresión política para afianzar las cultura de los migrantes.


(Fuente: Suplemento DOMINGO, diario La República / Lima, 03.04.2016)

 


 

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La Agrupación RÍOS PROFUNDOS comunica a sus integrantes y amigas/os, que este año (2017) no participará en el Carnaval de las Culturas de Berlín, atendiendo a razones de orden logístico, organizativo y, sobre todo, porque de momento estamos avocadas/os al relanzamiento de nuestra asociación: la Sociedad Académica Peruana, SAP e.V. a la que por cierto las/os invitamos a sumarse. Como siempre, por medio de esta página y Facebook las/os mantendremos informados de nuestras acciones futuras.

HASTA PRONTO.